Un asunto con muchos actores

El carro del derecho de autor cada vez está más lleno. En este negocio, aunque suene extraño, ya no son solo los autores de una propiedad intelectual los que quieren cobrar un trocito de cada negocio abierto en este puñetero país. Editores, intérpretes, figurantes, etc; una piara de individuos que no ha generado jamás una solo propiedad intelectual, cobran en función de unas tasas que, en un principio, se idearon para que los AUTORES tuvieran una compensación por el uso de sus obras para fines comerciales sin autorización previa. ¿Y cómo es esto posible? Pues pregúntenle a los gobiernos pasados, presentes y futuros. No hay una sola formación política con responsabilidades de gobierno en este país y que no haya sido cómplice de la extorsión, la estafa y malversación de fondos recaudados en la gestión de obras protegidas bajo el CopyRight. Con la SGAE a la cabeza, ingentes cantidades de dinero se han defraudado  bajo un sinfín de fórmulas mafiosas; desde la influencia directa en los órganos de gobierno para que la ley fuera redactara de manera torticera en beneficio de la industria de la edición audiovisual, hasta la inversión en empresas con ánimo de lucro de unos fondos recaudados por una sociedad sin ánimo de lucro y que debían haber sido repartidos de otra forma, pasando, como no, por  el uso de los mismos fondos en prostitución, sueldos millonarios, pensiones desorbitadas, drogas, etc. Y sí, el gobierno español ha sido cómplice de  todo esto, hasta el punto de firmar una ley que fue posteriormente declarada ilegal por los tribunales europeos (el canon digital) con la que estafaron miles de millones a todos los españoles, y que jamás fueron devueltos.

Pero ¿ha cambiado algo? En absoluto. La misma entidad de gestión de derechos de autor, SGAE, responsable de estas tropelías, sigue estando autorizada por el Estado español para gestionar los fondos de la recaudación que genera el “derecho de autor”; un negociote de 300 millones al año con poca justificación en la inmensa mayoría de los casos. Recuerden que la SGAE ha sido acusada de cobrar por obras de dominio libre y dominio público, así como de no revertir ni adecuada ni proporcionalmente lo recaudado en los autores.

Así mismo es interesante que entiendan que la Propiedad Intelectual es intransferible. ¿Qué quiere decir esto? Pues que el autor original es el único al que puede suscribirse su obra. Pero ¿qué pasa con los derechos que genera esa obra? Aquí sí ya hablamos de transmisión y venta, por lo que la SGAE y otras entidades cuajadas de editores son, en cierto modo, las beneficiarias directas de las obras que gestionan, ya que el derecho de la propiedad que gestionan pertenece, en no pocos casos, a editores que nada tienen que ver con el creador, pero sí con las juntas de accionistas de las entidades de gestión de derechos. Es la perversión mercantilista en estado puro…

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