Aquí sí y aquí no: ¿A quién hacemos caso?

Es evidente que la gestión de las Tasas por Reproducción de Obras Protegidas en Locales de Pública Concurrencia se está llevando a cabo, como otras muchas cosas en este país, de manera chapucera. Para empezar, la organización encargada de tal fin se ha caracterizado por un funcionamiento seudomafioso, donde los artistas, en su inmensa mayoría, están ninguneados en beneficio de una pequeña élite que tiene el control no solo del organigrama de la asociación SGAE, sino también de todos recursos económicos, que se reparten en función a un algoritmo secreto, con ingentes cantidades de dinero vertidos en unos pocos bolsillos. Por si esto fuera poco, los distintos gobiernos, ya sean de izquierdas o derechas, han legislado a la carta, bajo las directrices marcadas por el lobbi del CopyRight. Y pare terminar tenemos a los jueces, que salvo honrosas excepciones, trabajan bajo criterios disgregados, con una heterogeneidad legal exasperante, que ha colocado en indefensión a cientos de miles de pequeñas empresas ante el abuso chantajista de SGAE, AGEDI, AIE, CEDRO, etc…

En este país se ha robado a manos llenas en no nombre de la Propiedad Intelectual. Y se ha hecho desde las instituciones y desde las organizaciones encargadas de la protección de este concepto capitalista.

Nosotros no pretendemos que la gente pueda apropiarse de obras que no son suyas, ni que las mismas puedan usarse de manera discriminada para beneficio particular. Tan solo trabajamos para que la gestión de los Derechos de Autor se haga de manera justa, cuando corresponda y en función a unos criterios objetivos y homogéneos, que dejen de considerar a los comerciales-vendedores de SGAE como fedatarios públicos, con la capacidad de joderte vivo con solo escribir tu nombre en un papel.

Prueba de la subjetividad de los criterio judiciales que se usan para dirimir las demandas de SGAE contra la pequeña empresa son las sentencias rocambolescas y heterogéneas que nos encontramos a lo largo de la geografía nacional.

En este post solo vamos a mencionar dos de ellas, que tienen mucho que ver con esa técnica de SGAE para cobrar por conceptos subrealistas, como los supuestos beneficios que obtendría un hostelero por la publicidad de terceros que se cuela en su televisor una vez se emiten en los descansos de los partidos de futbol.

Enlace: http://cadenaser.com/ser/2016/01/07/tribunales/1452186106_716256.html

aaa

No hay mucho que decir al respecto ¿no les parece? En este caso, su señoría ha estimado que los pequeños empresarios de hostelería se lucran con un anuncio, por ejemplo, de Fairy, o de Seat, o de condones… Además de contrabenir directrices europeas, la sentencia se basa en la prueba única de un comercial que vende un producto y tiene intereses particulares, todos ellos alejados del bien general.

Por otro lado, a cientos de kilómetros, otra sentencia contradice justo los criterios esgrimidos en la primera.

Enlace: http://www.ideal.es/nacional/201512/17/propietario-vence-sgae-juicio-20151216234428.html

aaa3

 Lo dicho; esta falta de unidad de criterios legales nos deja perplejos, no solo por el evidente perjuicio para la pequeña empresa, con pocos recursos para enfrentarse a todos los procesos judiciales que la SGAE quiera plantear, sino que nos sumerge en un mundo inseguro, caótico y donde es difícil saber cuales son nuestros derechos y nuestras obligaciones reales, que parecen estar más en función de los caprichos capitalistas de ciertos lobbis, en vez de responder a una necesidad común.

Mario López

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